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Esto parece una película de miedo en la que no quieres seguir andando por ese pasillo, da miedo… mucho miedo.

Empecé este año como casi todo el mundo, con proyectos nuevos y la ilusa esperanza de conseguir mis propósitos. Nadie nos había preparado para lo que se nos venía. Parecía una película.

Título de la película: AL FINAL LLEGÓ EL COCO

Las consecuencias que ha ocasionado el covid 19 son esas típicas que veíamos en las películas donde un héroe al final consigue una vacuna y salva a la humanidad. Pero salíamos del cine aliviados de que era una película y eso no pasaría en la vida real. Es cierto, no parece que venga ningún héroe a salvarnos.

Además como siempre nos han contado, la realidad supera a la ficción… que razón tenía quien lo dijo.

Protagonistas y Guión de nuestra historia

Marta, madre de una niña de 5 años, regenta un restaurante en un barrio residencial de la ciudad de Barcelona. De repente un amenazante virus mortal que proviene de China y se ha extendido por todo el mundo da un giro total a su vida. A lo largo de la trama veremos a Marta en una lucha encarnizada por sobrevivir al Estado. Éste la persigue con una finalidad aparente de destruirla y hundirla en la más profunda miseria. ¿Qué ocurrirá con Marta? 

Un día de marzo cualquiera

En una ciudad que parece ya alejarse del frío invierno comienzan a llegar noticias que Marta y sus clientes ven desde la tele en su Bar Restaurante “Marta y Compañía”. Un virus llamado Coronavirus, de China, que viene de un murciélago y es muy peligroso. Menos mal que nuestro Ministerio de Sanidad nos tranquiliza con “NO TENÉIS QUE PREOCUPAROS”, que el virus no llegaría a nuestro país. La verdad que Marta pensó por dentro en su hija de 5 años, que estaba en el colegio, no quería pensar en una situación en la que llegara a sufrir su pequeña.

Era jueves 12 de marzo de 2020 y la televisión ya comenzaba a hacer recuentos de infectados en Madrid y otras zonas de España. Siempre con mensajes de que el Coco no vendrá. Pero llegó. El 14 de marzo, sábado, Marta bajó la persiana de su Restaurante mandando a casa a sus dos trabajadores: Pedro (cocinero) y Luisa (camarera) ambos con familia, dejándolos en una situación de ERTE. El consuelo era que sería por 15 días y sus trabajadores podrían cobrar por lo menos un subsidio. Marta solo le quedó respirar ondo y ponerse a hacer cuentas sobre cómo afrontar económicamente la falta de ingresos durante esos 15 días.

Comienza la tortura

Pasaban las semana y 15 días se convirtieron en 30, luego en 45 y así hasta terminar siendo 3 largos meses de encierro sin precedente en los que no salíamos mas que para ir a hacer la compra y/o sacar al perro. Pero los problemas no hacían mas que empezar, ya que Marta comenzó a temblar cuando se dio cuenta que debía seguir pagando la cuota de alquiler del restaurante y todo lo necesario como si el negocio siguiera funcionando, bueno podía cesar la actividad para no pagar autónomo y recibir mientras una subsidio de 400 y pico euros, para qué. Era macabro, debía tener el negocio cerrado por el bien común  pero todos lo que participaban en este “común” seguían con el derecho a poder cobrarla. Para colmo comenzaron a llamarla Pedro y Luisa (sus empleados) que no habían cobrado el subsidio del ERTE y no tenían para comer, reclamando si había presentado los papeles correctamente. Marta sabía que había hecho todo lo que el Estado pedía, incluso lo había tramitado a través de una gestoría, no entendía nada. Como si fuera poco su padre de 91 años murió durante el confinamiento en la residencia para la tercera edad que pocas explicaciones dieron al respecto sin poder llegar a oficiar el entierro que merecía.

Aquellas semanas fueron pasando y a la situación familiar y personal se sumaron, las obligaciones en los pagos que no frenaban, los trabajadores sin cobrar y un final sin fecha que, todo junto, hicieron que Marta fuera perdiendo los nervios. Ya no dormía bien, insomnio, comenzó a comer por ansiedad llegando a engordar 12 kilos, por no hablar de la caída de pelo y, además, había comenzado a sentirse responsable de la penosa situación de sus trabajadores. Se terminaba el colchón que tanto le había costado ahorrar y para colmo lo estaba tirando a la basura ya que estaba manteniendo un negocio en el que no podía trabajar. 

Delivery le decían a Marta, que así podría dar trabajo nuevamente a sus empleados, pero ¿cómo se supone que debía hacerlo?. Las empresas que lo ofrecían le pedían casi un 40% + iva de la facturacion..uffff buitres. Cómo se supone que voy a mantener el negocio si los beneficios en una situación en la que la facturación es más baja y los gastos los mismos se me llevan todo el beneficio. ¿Estamos locos? Pensaba ella.

El Estado por su parte parece, es un discurso cínico, que tiene una mano para ayudar, pero solo eso una mano, de plástico, carente de cuerpo y alma. ¿Qué protección, mediación y/o ayuda supone que está ofreciendo?

Marta se preguntaba muchas cosas, ¿en qué tipo de país vivimos?, ¿qué tipo de protección se supone que ofrece si no sirve de nada?, ¿cómo puedo creer en este sistema si cuando más lo necesito falla? Nada tenía sentido. Estado social de bienestar no era social y no existía el bienestar.

Nueva etapa y más de lo mismo

Marta poco a poco parecía retomar el ritmo en el restaurante y poco a poco incorporó al personal. Septiembre se echaba encima con la nueva etapa escolar y los que habían hecho vacaciones retomarían sus puestos de trabajo y todo junto darán un nuevo empujón a nuestra economía dormida. Pero lo cierto es que fue un empujón más flojo de lo que esperaba y Marta comenzó a ver que el futuro cada vez era más y más negro.

Marta no pedía a Estado más ayudas, estaba abrumada de tanta ayuda… solo quería que no la machacaran con los impuestos cuando el mismo Estado justificado o no estaba limitando o impidiendo su capacidad de generar ingresos. Comenzaron a llegar cartas de todos tipo de administraciones reclamando pagos y amenazas de embargos. ¿Qué tipo de crueldad regia este país? Marta solo pedía que se el Estado mediara para impedir que todo se fuera a la mi**.

Parecía que en Hacienda, Seguridad Social y ayuntamientos de toda España trabajan a marchas forzadas como aquellas locomotoras de época donde se veía a un pobre carbonero echando carbón como si no hubiera un mañana. Hay que recaudar y recuperar hasta el último céntimo. Así que en estos tiempos oscuros se nos da un terrón de azúcar y una puñalada, mortal en muchos casos.

Nunca había visto en tan poco tiempo tantas cartas de Ayuntamientos, notificaciones de embargo,  bufetes de abogados, seguridad social, notificaciones de correos, burofaxes y multas de tráficos en las sacas de los trabajadores de correos. Marta pensaba en esas películas donde los reyes absolutistas de forma despiadada reclamaban sus impuestos a un pueblo hambriento. No daba crédito.

A mediados de octubre llegó un cierre para el sector de la hotelería ya que por lo visto eran focos de infección y cultivos del Covid 19. Ah! sí, te permitían hacer delivery. ¿Cómo podían plantear un escenario en el que solo unos cuantos podrían sacar la cabeza? Marta no tenía web y no podía permitirse un servicio de terceros en el que trabajaría para otros. Las ayudas del Estado, como siempre, no solucionaban nada y Marta comenzaba a ahogarse. Mantener el restaurante abierto comportaba más gastos de lo que conseguiría en ingresos con al take away.

Para había llegado al convencimiento de que su negocio y su vida estaban a la deriva, esperando a que la suerte la aproximaran a la costa en algún momento que podría llegar o no.

Conclusión

La realidad es la que es: un virus que amenaza a nuestra salud o incluso la vida y un Estado incapaz de ofrecer soluciones o algún tipo de ayuda efectiva son una realidad que no podemos alterar nosotros solos.

La evolución digital de los negocios es algo que viene de lejos y hay muchos que ya se digitalizaron y otros no. La situación actual no es que favoreciera a unos u otros. Simplemente los que han digitalizado previamente su negocio ahora han contado con una herramienta en la que apoyarse para sobrevivir. Sale a la calle y ves cientos de bicicletas y motos llevando comida de una lado a otro como hormigas.

¿Marta había hecho algo mal? Lo verdad es que no, tenía un negocio y seguramente lo regentaba eficientemente. Simplemente la situación en la que el covid ha puesto a sector de la hostelería ha adelantado el futuro poniéndolo en el presente.

El delivery no es algo nuevo, tiene muchos años. Solo ha cambiado la forma ya que antes se pedía solo por teléfono y ahora podemos encargar el menú por el móvil. El consumidor, o gran parte por lo menos, se ha habituado a este medio y si ponemos una pandemia con confinamiento de por medio ya no hace falta que diga más.

Hoy en día dar el salto y digitalizar nuestro negocios ya no es una opción, es una obligación.

“Se puede morir en la lucha, pero siempre es mejor morir luchando” 

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